El excongresista republicano David Rivera pasará 10 años en una cárcel federal de Estados Unidos. Lo condenó este viernes, en Miami, la jueza Melissa Damián por hacer lobby en secreto a favor del gobierno de Nicolás Maduro y lavar millones de dólares.
Rivera tiene 61 años y representó a Florida en la Cámara de Representantes. Según la acusación, junto a la consultora Esther Nuhfer se llevó un contrato de $50 millones con una filial de PDVSA. Lo usaron de cobertura para tocar puertas en Washington sin declarar para quién trabajaban. Nuhfer fue condenada a cinco años.
Entre las puertas que tocaron estaban las de Marco Rubio, su antiguo compañero de casa, y el congresista Pete Sessions. Rubio tuvo que declarar en el juicio. Según los fiscales, la idea era mejorar la relación con la nueva administración Trump mientras el gobierno venezolano cargaba con sanciones y denuncias de violaciones de derechos humanos. La operación buscaba acercar a Delcy Rodríguez, entonces canciller, con funcionarios estadounidenses.
Ojo con el detalle que se está regando mal: no hubo cargos de espionaje. Lo que lo hundió fue actuar como agente extranjero sin registrarse y mover dinero sucio. Un jurado lo declaró culpable en mayo y desde entonces estaba preso sin derecho a fianza. Enfrentaba hasta 60 años.
Sus abogados sostuvieron que trabajaba para sacar a Maduro del poder, y el jurado no les creyó. Rivera aún tiene otro proceso abierto en Washington D.C. por un caso de lobby extranjero relacionado.

